La ortodoncia Damon System acabó con su dolor

Hoy os traemos la historia de Amalia, contada por ella y desde el corazón. Amalia vino a la clínica con fuertes dolores de mandíbula, su tratamiento consistió en una ortodoncia de brackets Damon System con la que pudo superar, tanto sus problemas estéticos como de salud.

Todo empezó con un: “perdona, pero me han dicho que tú eres dentista y yo tengo un problema”, una simple pregunta en un encuentro inesperado, pero que provocó el gran cambio que yo necesitaba. Tras una respuesta predecible, me dieron el teléfono de la clínica y llamé sin pensarlo para coger cita, estaba harta de tanta tontería y de tan poca profesionalidad en otros centros, en donde ni siquiera se habían molestado en averiguar el origen de mis problemas y el por qué de esas molestias que tantos años llevaba arrastrando.

El primer día que entré en la clínica quedé alucinada ante tanta familiaridad, tan buen rollo y tanta energía positiva, me gustaba ese sitio, me hacía sentirme segura de lo que estaba haciendo, del paso que había dado, quería solucionar mi problema y que profesionales como ellos me dieran su opinión. Tras la primera cita, con su respectiva revisión, me dieron el diagnóstico, un diagnóstico con tanto sentido…. pero al que nadie hasta ese momento había sabido llegar. Yo sabía cuál era mi problema, y lo que se habían dedicado a hacer por mí hasta ese momento, es decir, medicarme sin más….., sabía lo mal que estaba y todo el dolor que tenía, y lo que eso acarreaba, que no era poco.

¡Qué horror! Tenían que ponerme aparato, a mis años ¡y con aparato!, pero… ¡qué tontería!- pensé a continuación-, haré lo necesario con tal de curarme, han sido los únicos que me han dado un diagnóstico lleno de sentido y  quiero confiar en que todo tiene solución, no puedo seguir más con este dolor. Y así di el paso, el de empezar el tratamiento en la clínica Peydro, llena de profesionales tan seguros de lo que hacen, tan expertos, que te guían en todo el proceso haciéndote estar seguro de lo que estás haciendo. El camino no fue fácil, ni para ellos ni mucho menos para mí, lo pasé realmente mal en algunos momentos, me ha pasado todo lo que me podía pasar, pero estaba tan contenta de los resultados que estaba experimentando que me olvidaba del resto, quería curarme, y desde el principio, el dolor de mandíbula que llevaba arrastrando desde hacia años  estaba desapareciendo poco a poco, ¡lo estaban consiguiendo!, no me lo podía creer. Durante todo el proceso me he sentido acompañada y apoyada, por primera vez en mi vida, ¡me gustaba ir al dentista! Ha sido un duro año y medio, de constante lucha por parte de todos para obtener el mejor resultado, pero cuando llegó el final, el día en que todo acabaría y yo estaría curada…. fue tanta la satisfacción, ¡¡que no sabía como expresarme en palabras!!, así que me dio por reír medio llorando (indescriptible la sensación), tenia los dientes perfectamente alineados, más grandes de lo que eran antes y una sonrisa que jamás pensé que podría tener, y lo más importante, ¡no me dolía la mandíbula!

Antes sonreía, pero después de todo esto, puedo decir llena de orgullo que mi sonrisa no es la misma que la que era, que mi sonrisa es ahora más grande, es una sonrisa orgullosa de lo que es, llena de ilusiones y plenamente satisfecha por lo que ha conseguido, porque te ves mejor, te encuentras mejor, te miras de otra manera, y eso se refleja al exterior, porque una sonrisa tuya hace que los demás puedan sacar otra sonrisa.

La boca es salud, no hay que dejarla de lado, un problema bucal, por pequeño que sea, acarrea múltiples consecuencias, por eso hay que intentar ponerle solución lo antes posible antes de que sea peor, porque la sonrisa es el reflejo del alma, y por eso hay que cuidarla.

Gracias a todo el equipo por todo lo que habéis hecho por mí, por cómo me habéis tratado, por cómo me recibisteis el primer día y cómo me seguís recibiendo. Vuestra principal función es la de construir bonitas sonrisas y lo conseguís con éxito.

Profundamente agradecida.

¡Muchísimas gracias Amalia! 

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