Te va a entrar un ataque de risa…

Sonrisa espectacular

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Te va a entrar un ataque de risa…

Hay muchas formas de reír. El abanico es tan amplio que va desde la risilla silenciosa hasta la carcajada más sonora. Ya lo decía Mary Poppins en su canción sobre el Buen Reir “algunos ríen por la nariz con un sonido así, otros ríen entre dientes como una serpiente…”

¿Quién no se acuerda del pobre tío Albert flotando en el techo debido a un ataque de risa? Una risa tan contagiosa, que acaba llevando por los aires a Bert, Jane y Michael pese al descontento de Mary.

[sws_pullquote_right]»Ante el mismo estímulo, tienes un 30% más de probabilidades de reír si las estás viendo acompañado que solo.» [/sws_pullquote_right]Que la risa es una forma de comunicación es evidente. Las neuronas espejo además, son las responsables de que sea algo tan contagioso, ya que cuando vemos a alguien reír, estas pequeñas células se activan y nos hacen responder de la misma manera. Es un acto reflejo.

Numerosos estudios han demostrado que las probabilidades de reír aumentan cuando estás en grupo.

La risa más contagiosa

Dos investigadores especializados en el estudio de la risa, Michael Orwen, de la Universidad Estatal de Georgia, y Tobias Riede, de la Universidad de Utah, han realizado un curioso estudio para determinar cuál es la risa más contagiosa.

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Según sus conclusiones, las largas y sonoras carcajadas con la boca abierta, del tipo «ja-ja», demostraron ser más contagiosas y transmitir sensaciones más positivas que las risas con la boca cerrada.

Según los investigadores, a medida que nuestro nivel de júbilo aumenta, los pliegues de la boca se mueven y nos «obligan», finalmente, a abrirla de par en par.

Por contra, las risas sin vibración en las cuerdas vocales, son las que menos alegría transmiten y por tanto, las menos contagiosas.

Todos en algún momento de nuestras vidas, hemos sufrido un ataque de risa. Esa risa que sale de dentro, del estómago y que consigue que se te salten las lágrimas. Esa risa que aparece, y muchas veces, en el momento menos indicado.

Recuerdo especialmente un ataque de risa colectivo que nos entró a todas las amigas. A todas menos a la que se cayó, claro. No podíamos parar de reír. Fue la gente de alrededor la que la ayudó a levantarse, porque nosotras tres estábamos muertas de risa. Vaya por delante que sabíamos que estaba bien y no tenía nada grave, y que era una de esas noches de verbena…

Ataques de risa colectivos, hasta en las mejores familias

Volviendo al tema de los momentos inoportunos y los ataques de risa, no se libra ni el tato. Y para muestra, la pobre secretaria del Parlamento Andaluz, que por mucho que lo intentaba, no era capaz de pronunciar dos nombres seguidos.

«Si uno echa un vistazo a las noticias, uno vería que lo que estabais contando es que el encuentro con Bill Clinton iba a ser un desastre», dijo Yeltsin a los periodistas en una rueda de prensa, «ahora, por primera vez, puedo decirles que son ustedes un desastre.»

Estas palabras provocaron que Bill Clinton comenzará a reír y contagiase a todos los presentes.

Pero sin duda, mi favorito es el de estos cuatrillizos que ríen al unísono sin parar de contagiarse unos a otros. Te reto a que veas el vídeo hasta el final sin reír. Imposible.

Las risas más contagiosas de la televisión

La risa, además de ser un arma de comunicación es una característica propia cada uno de nosotros tenemos nuestra propia risa, aunque puede que se parezca a la de familiares cercanos como padres y hermanos.

Y algunos han hecho de ella su signo de identidad. Loreto Valverde se ganó un puesto en telecinco entre otras cosas, debido a su simpatía y espontaneidad frente a la cámara. Algo a lo que sin duda ayudó, su particular tono de risa. Si has nacido en los ochenta o antes, sabes de qué estoy hablando.

Jesús Quintero sacó a la palestra televisiva a Juan Borja Joya, El Risitas. Cuando le preguntan de dónde viene ese mote, cuenta sin tapujos que “al ir al Rocio con unos amigos, me bautizaron en el río Quema. Mientras me echaban el agua por la cabeza, no paraba de reírme, así que me pusieron el Risitas”. Y razón, no les faltaba.

Y después de este post… ¿Me vas a negar que no te ha entrado un pequeño ataque de risa?

Fuente fotos 1 – 2

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